Las persistentes precipitaciones en las altas cuencas y el desborde simultáneo de los principales cursos hídricos provocan inundaciones, evacuaciones masivas y pasos fronterizos cerrados en el noreste argentino. La crecida del Iguazú —que obligó a cerrar la Garganta del Diablo—, sumada a los aportes extraordinarios de Yacyretá y Salto Grande, desnuda la vulnerabilidad regional frente a un fenómeno climático extremo que ahora proyecta su amenaza hacia la provincia de Buenos Aires.