Alertan sobre impacto de minería submarina en el Pacífico

INTERNACIONAL 31/05/2023 La Política Ambiental La Política Ambiental
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A miles de metros en la profundidad del océano Pacífico, en el entorno hostil para la vida humana que representa la zona abisal, bulle una biodiversidad animal insospechada. Esta fauna, en uno de los rincones más desconocidos y oscuros de la Tierra, está sin catalogar y apenas ha sido estudiada. Una nueva investigación liderada por el Museo de Historia Natural de Londres (Reino Unido) añade más de 5.000 especies distintas de criaturas que habitan el abismo del océano, tras múltiples estudios del fondo marino y un trabajo de revisión de artículos científicos. Y todo esto solo en una región submarina muy codiciada del Pacífico, la zona Clarion-Clipperton (CCZ, por sus siglas en inglés), entre ...
Hawái y México. Y su autora principal, Muriel Rabone, analista de datos en el equipo de trabajo del museo londinense, sostiene, tras admitir su sorpresa inicial ante tanta biodiversidad, que “todavía quedan el 90% de los animales por conocer [en la zona CCZ)”.
“Un montón de gusanos, cangrejos, caracoles y almejitas, pero también animales más raros, como unos moluscos que se pensaban extintos desde hace tres décadas y apenas se encontraron en mar profundo”, detalla Guadalupe Bribiesca-Contreras, investigadora del museo británico y también coautora del estudio. En las conclusiones, los investigadores señalan que la rica biodiversidad animal de la zona podría suponer miles de especies no catalogadas más por estudiar. Pero “nombrar una sola nueva especie nos puede llevar varios años de trabajo taxonómico”, se resigna Muriel.
Los autores del trabajo no ocultan que su interés por la biodiversidad en la zona abisal del Pacífico se debe al impacto que podrían tener la minería de materiales raros en el fondo marítimo. Esta investigación ve la luz en un momento en el que se están llevando a cabo prospecciones marítimas para averiguar la disponibilidad de extracción de tierras raras, los conocidos como nódulos polimetálicos, que son acumulaciones en roca de cobalto, cobre y níquel, entre otros elementos clave en la elaboración de dispositivos electrónicos.
Esta novedosa categorización de las criaturas de la zona abisal se publica hoy en la revista científica Current Biology, y aporta información sobre la vida en esta remota región, un vasto espacio de seis millones de kilómetros cuadrados —dos veces la extensión de la India— y un fondo marino de otros miles de kilómetros sin explorar. “Desde un punto de vista evolutivo, quizá es así cómo empezó la vida, en uno de estos ecosistemas”, reflexiona Muriel sobre su interés detrás de esta publicación. Su grupo analizó la información publicada con anterioridad para detectar vacíos en el conocimiento y descartar registros duplicados de animales, y lograron nombrar 438 especies, siendo solo 6 las que era posible encontrar en otros fondos abisales del planeta.
En su análisis, los científicos apuntan que la minería en mar profundo tiene un interés geoestratégico clave en la nueva economía global, debido a que la transición ecológica para lograr la descarbonización requiere de estos materiales para la construcción de móviles, pantallas de televisión, placas solares o coches eléctricos. La minería en áreas profundas está prohibida en aguas internacionales, pero las compañías interesadas ya realizan trabajos exploratorios para conocer la riqueza mineral del entorno. “Si mañana se extrae un nódulo, y desaparece el hábitat de cualquiera de estos animales abisales, ¿se podría recuperar? Es necesario conocer el potencial impacto de la minería de profundidad”, reflexiona Muriel.
Los animales abisales se adhieren a estos nódulos, como es fijarse a una roca, para evitar el fondo oceánico, más lodoso, resume Bribiesca-Contreras: “No podrían sobrevivir sin la presencia de nódulos en la zona, representan la fuente más grande de sustrato duro en esa zona en particular”. Para la científica del museo londinense, descubrir cómo estás criaturas se adaptan a condiciones extremas es como desentrañar el árbol de la vida: “Los animales de las zonas abisales son las ramas largas [del árbol de la vida], los linajes más viejos, una cosa bien interesante”, comenta con entusiasmo.
La bióloga describe cómo en la planicie abisal hay “montes submarinos” de miles de kilómetros de profundidad, en donde “las especies son diferentes en cada tramo de los afloramientos rocosos”. Esto quiere decir que los animales “están adaptados a sus nichos ecológicos”. “No podemos sacarlos del fondo y meterlos en un acuario, eso es imposible; casi todo sale muerto [al extraer especies del fondo marino], principalmente porque no aguantan el cambio de temperatura, por lo que no podemos saber cómo viven, se mueven o reproducen”, lamenta.
El geólogo Antonio Calafat, que no ha participado en este estudio, afirma que “hay pocos trabajos hechos y menos en la zona Clarion-Clipperton”. “El problema que tiene la explotación de dichas zonas tan profundas es que los nódulos están dispersos y se han de remover áreas de prospección muy grandes, miles de toneladas enteras”, ejemplifica el científico, especializado en sedimentología marina. Un proceso que, además de “afectar directamente a los animales que no se mueven”, el profesor detalla que “produce la resuspensión de sedimentos”. Es decir, una mancha de residuos suspendidos en el agua puede afectar a muchas otras poblaciones de animales a miles de kilómetros de la explotación minera, porque por su tamaño no se deposita en el sitio de extracción y las corrientes la pueden transportar a otros lugares.
Para el científico, la minería profunda, ya sea de arrastre o de levantamiento del fondo, afecta a las especies incluso décadas después del incidente y, según alega, todavía no se ha llegado a producir con un procedimiento no invasivo. “En estos ambientes, los animales abisales tienen crecimientos muy lentos y su capacidad de respuesta a una perturbación es muy baja”, alerta Calafat.
Las dos científicas del estudio subrayan la necesidad de que para poder proteger un ecosistema es necesario conocerlo. Rabone insiste en que su índice recopilatorio de CCZ es solo el inicio de una nueva línea de trabajo al mundo de los animales del abismo, de las que se sabe todavía muy poco. Bribiesca-Contreras insiste en su aproximación evolutiva a las criaturas profundas: “Hay muchísimas preguntas que quisiéramos poder contestar, cosas tan sencillas como, ¿cuánto viven estos animales, con su metabolismo lentísimo para conservar energía? O ¿cómo se reproducen, qué larvas tienen? Es bien difícil saber”.

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