Arabia Saudita apuesta fuerte por la reforestación: 10 000 millones de árboles en medio del desierto

INTERNACIONAL08/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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Imagen Ilustrativa

En uno de los territorios más áridos del planeta, Arabia Saudita avanza con una iniciativa ambiental de escala inédita: la plantación de 10 mil millones de árboles como parte de una estrategia para frenar la desertificación, reducir emisiones y redefinir su vínculo con el ambiente. El proyecto forma parte de la Saudi Green Initiative, un plan estatal que busca posicionar al país como actor relevante en la agenda climática global.

Un megaproyecto verde en pleno desierto

La iniciativa surge en un contexto complejo. Arabia Saudita es conocida por su dependencia histórica del petróleo y por sus condiciones climáticas extremas: altas temperaturas, lluvias escasas y suelos degradados. Aun así, el gobierno saudí apuesta a revertir parte de ese escenario mediante un programa de restauración ambiental que apunta a rehabilitar más de 70 millones de hectáreas de tierras degradadas.

El objetivo de los 10 mil millones de árboles no se plantea como una plantación uniforme, sino como una combinación de corredores verdes, restauración de ecosistemas, expansión de manglares y recuperación de áreas naturales estratégicas en distintas regiones del país.

Cómo se implementa el plan

La hoja de ruta se estructura en etapas. En una primera fase, que se extiende hasta 2030, se prioriza el uso de soluciones basadas en la naturaleza: selección de especies nativas o altamente adaptadas a la sequía, análisis de suelos y restauración progresiva del paisaje. En una segunda etapa, el plan prevé intervenciones más intensivas para consolidar las áreas recuperadas.

Hasta el momento, las autoridades saudíes informaron que ya se plantaron más de 90 millones de árboles y se rehabilitaron más de 100 mil hectáreas, además de establecer áreas protegidas adicionales para evitar nuevos procesos de degradación.

El desafío central: el agua

El principal interrogante que rodea al proyecto es el uso del agua. En un país con estrés hídrico estructural, sostener millones de árboles implica una planificación extremadamente cuidadosa. Para eso, el plan incorpora riego con aguas residuales tratadas, tecnologías de eficiencia hídrica y sistemas de monitoreo que reducen el consumo al mínimo indispensable.

En regiones como Medinah y Riad, parte de la forestación se realiza con agua reciclada proveniente de plantas de tratamiento, una estrategia que busca evitar la presión sobre acuíferos naturales ya sobreexplotados.

Biodiversidad y restauración ecológica

Más allá de la captura de carbono, el proyecto apunta a recuperar biodiversidad. Arabia Saudita alberga más de dos mil especies de flora y una fauna adaptada a condiciones extremas, muchas de ellas afectadas por la desertificación y la fragmentación del hábitat.

La restauración de manglares en zonas costeras del Mar Rojo y el Golfo Pérsico es una de las líneas más destacadas del plan, ya que estos ecosistemas funcionan como sumideros de carbono, barreras naturales contra tormentas y refugios clave para especies marinas.

Clima, empleo y cambio de modelo

El proyecto también tiene un fuerte componente económico y social. La forestación a gran escala genera empleo, impulsa nuevas tecnologías ambientales y forma parte de la estrategia de diversificación económica del país, que busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles.

Desde el gobierno saudí presentan la iniciativa como una inversión a largo plazo: menos degradación ambiental, mayor resiliencia frente al cambio climático y nuevas oportunidades productivas en sectores vinculados a la restauración ecológica.

¿Una solución real o una apuesta simbólica?

A pesar de los avances, el plan no está exento de críticas. Especialistas advierten que plantar árboles en zonas desérticas sin una gestión adecuada puede generar efectos adversos si no se respetan los límites ecológicos del territorio. Otros señalan que el verdadero impacto climático dependerá de la permanencia de los árboles y del mantenimiento a largo plazo.

Aun así, la magnitud del proyecto coloca a Arabia Saudita en el centro del debate ambiental global. En un mundo atravesado por el cambio climático, la experiencia saudí abre una pregunta incómoda pero necesaria: si incluso los desiertos apuestan a la restauración ecológica, ¿qué margen queda para la inacción en el resto del planeta?

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