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En Davos proponen la 'explotación sostenible' de la Amazonía

INTERNACIONAL 27/05/2022 La Política Ambiental La Política Ambiental
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“Se trata de regular, legislar y poner las bases para que la gente de la selva se convierta en empresarios, que es lo que realmente quieren”, aseguró Gustavo Montezano, presidente del banco de desarrollo de Brasil (BNDES), un país que tiene más del 60% de su territorio en zona amazónica.
Frente a la lucha incesante y no siempre eficaz contra la deforestación, políticos y financieros de América del Sur reclamaron en el foro de Davos nuevas formas de explotación sostenible de la Amazonía para que la destrucción de la mayor selva tropical del planeta deje de ser rentable.
“Se trata de regular, legislar y poner las bases para que la gente de la selva se convierta en empresarios, que es lo que realmente quieren”, aseguró Gustavo Montezano, presidente del banco de desarrollo de Brasil (BNDES), un país que tiene más del 60% de su territorio en zona amazónica.
El BNDES tiene varias líneas de financiación para revertir una cultura que, según reconoció Montezano, durante años consideraba que “destruir el bosque era crear valor económico” y que solo ahora está empezando a cambiar.
La cuenca del Amazonas, que abarca 7.4 millones de km2, cubre casi el 40% de América del Sur y se extiende por nueve países, con una población estimada en 34 millones de personas, de las cuales dos tercios viven en ciudades.
En este sentido muchos piden reforzar la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), que existe desde los años 1970 y que en el 2019 reafirmó su ambición transnacional, pese a que no todos los países de la región participan en ella.
El presidente colombiano Iván Duque defendió una política de “palo y zanahoria”, es decir castigar la deforestación y al mismo tiempo alentar como alternativa económica el cultivo sostenible de frutos como el copoazú (el llamado “cacao blanco”), el açaí o el camu camu.
Tras Brasil, Perú es el segundo país con más territorio en la Amazonía, “una región históricamente olvidada por el estado”, según la vicepresidenta peruana, Dina Boluarte, que reclamó la compra “a precios justos” de los frutos cultivados en la región.
Pero esta ‘bioeconomía’ --definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como la transformación sostenible de recursos biológicos-- necesita el apoyo de las administraciones públicas para prosperar y ser una alternativa a actividades como la ganadería o la minería, que destruyen la selva tropical.
El economista venezolano Ricardo Hausmann, profesor en Harvard y que fue ministro en su país en los años 1990, hizo hincapié en que no son las grandes ciudades como Iquitos (Perú) o Manaos (Brasil), las que causan la deforestación, sino actividades como la ganadería.
“De la misma manera que no tenemos las tecnologías para detener el calentamiento global, todavía no tenemos las tecnologías y los modelos de negocio” para salvar la selva tropical, afirmó.
Un estudio impulsado por Hausmann en varios departamentos amazónicos de Perú y Colombia reveló que la proximidad de carreteras --construidas por los gobiernos locales-- favorece la ganadería (previa deforestación), una actividad que necesita buenas conexiones para vender sus productos.
“El 90% de la deforestación se produce a diez kilómetros de las carreteras terciarias. ¿Y quién construye las carreteras terciarias? Los alcaldes y los gobernadores”, afirmó, resaltando las contradicciones que existen a veces entre las políticas locales y nacionales.
También preocupa la biopiratería, la explotación de recursos biológicos que afectan no solo a la naturaleza sino también a los pueblos indígenas, como el caso de la extracción de plantas medicinales por parte de grandes compañías sin beneficio para la población.
En el plano internacional, los mercados de carbono tampoco están dado los resultados esperados porque los precios por tonelada de CO2 son todavía demasiado bajos como para compensar las actividades nocivas para la Amazonía.
“Solo si el precio es correcto, la gente dejará de hacer lo que está haciendo. Cambiar los incentivos va a ser más efectivo que la coerción”, dijo en este sentido Mário Mesquita, jefe economista del banco brasileño Itaú Unibanco.
Pese a todas esas dificultades, Helder Barbalho, el gobernador del estado brasileño de Pará, el mayor productor del mundo de açaí, se mostró optimista y aseguró que todavía es posible “la conciliación de la gente con la economía” para poder recuperar la Amazonía.

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