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Hyperloop: El tren supersónico sostenible que se utilizara a partir de 2030

INTERNACIONAL 27/05/2022 La Política Ambiental La Política Ambiental
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Hay muchas cosas que pueden pasar entre nuestros días y el futuro, pero la aparición de un nuevo sistema de transporte que sea rápido y sostenible al mismo tiempo es una de ellas. Este sistema tiene nombre desde 2013, cuando Elon Musk lo llamó Hyperloop, pero no se espera que existan rutas hasta, por lo menos, el año 2030. La idea es poder viajar a mil kilómetros por hora con un quinto modo de transporte que se una a los trenes, barcos, aviones y coches, para hacer posible enlazar Madrid con Lisboa en apenas media hora o Barcelona con París en 90 minutos escasos. En otras palabras, “las principales ciudades europeas podrían estar conectadas en pocos minutos como en una gran red de metro”, indica Juan Vicén, cofundador de Zeleros.

Fue en 2016, recuerda Vicén, cuando los altavoces pronunciaron con acento inglés el nombre de su equipo, tras el preceptivo “the winner is”, en la competición que organizó en Texas el consejero delegado de Tesla, Elon Musk, para revolucionar los viajes interurbanos con velocidades sin precedentes. El concepto de Hyperloop se hizo muy popular en 2013 gracias a un artículo de 58 páginas elaborado por el empresario sudafricano en el que puso el grito en el cielo al apercibirse de la intención de construir un (presunto) “tren bala” en California.

“¿Cómo es posible –escribió Musk– que en el hogar de Silicon Valley, donde surgen cosas tan increíbles como indexar todo el conocimiento del mundo o explorar Marte, se pueda estar planeando construir un tren bala que es uno de los más caros por milla construida y uno de los más lentos del mundo?”. Unas líneas más adelante, Musk añadió: “Sería estupendo disponer de una alternativa al avión o al coche, pero, obviamente, solo si fuera realmente mejor. El tren en cuestión sería más lento, más caro de operar (si no está subvencionado) y menos seguro (…), así que ¿por qué iba alguien a querer utilizarlo?”

¿Cómo es posible que en Silicon Valley se planee construir un tren bala que es uno de los más lentos del mundo?”
Elon MuskConsejero delegado de Tesla En vista de ello, Musk describió el potencial de un nuevo sistema de transporte basado en eliminar la resistencia del aire y animó a las empresas tecnológicas a desarrollarlo para su comercialización, en tanto, según dijo, su cabeza estaba en otras cosas. Hoy día, siete compañías, entre ellas una española, siguen luchando por hacer posible su epifanía. En esas está Zeleros, una start-up surgida de las entrañas de la Universitat Politècnica de València.

Según explica Vicén desde una nave acristalada de la Marina de Valencia en la que trabajan 40 personas, se ha desatado una carrera tecnológica por desarrollar el tipo de vehículos y las certificaciones de seguridad que requerirá viajar a mil kilómetros por hora a través de una extensa red de tubos.

Aunque todavía no está claro si el hyperloop se convertirá en un gran salto para la humanidad, podría llegar a ser más veloz que el avión en distancias inferiores a los 1.500 kilómetros –debido al lastre que representa despegar y aterrizar, la velocidad comercial de los aviones en trayectos cortos ronda los 600 km/h–, tener la conectividad del tren –está previsto que se pueda acceder al hyperloop desde el centro de las ciudades– y la frecuencia de paso del metro, “pues las cápsulas podrían pasar por las estaciones cada dos minutos y medio”, tal y como adelanta este ingeniero industrial.

De hacerse realidad el Hyperloop, trabajar y vivir en dos ciudades distintas podría llegar a convertirse en el pan nuestro de cada día. Alguien podría estar, por ejemplo, a las 8.01 de la mañana apurando un café en la estación de trenes de Boston y apearse en Washington DC –a 638 kilómetros de distancia– a las 8.58 de la mañana, esto es, 57 minutos después. Otro ejemplo que propone la web de Zeleros: un pasajero que comprara su billete para el hyperloop con salida desde Berlín a las 18.05 horas, podría abrir el paraguas en París (a 877 kilómetros de distancia), a las 19.12 de la tarde.

“Los imanes con los que jugábamos de niños son parte fundamental de este nuevo modo de transporte”, explica Vicén desde una estancia que permite curiosear la maqueta del primer prototipo de cápsula, vaina o vagón desarrollado por Zeleros, con las dársenas y el mar Mediterráneo al fondo. “Cuando acercas un imán a la nevera, por ejemplo, se adhiere, pero si lo alejas demasiado, cae. La clave es controlar que se quede levitando o suspendido”, continúa diciendo.

“El concepto general –detalla este ingeniero industrial, moviendo las manos, para hacerse entender mejor– es bastante simple: los imanes que recubren el techo de la cápsula se atraen hacia el propio tubo por el que discurre, propiciando la levitación de la vaina mientras hace su recorrido a poca distancia del suelo, pero sin tocarlo”. He ahí el rasgo distintivo de este futurista medio de transporte: los vehículos no tienen ruedas, sino que se mantienen en el aire sin ningún punto de apoyo.

De hacerse realidad en el año 2030, como está previsto, el Hyperloop será el doble de rápido que el tren bala de Japón (la velocidad media podría rondar los 700 km/h), gracias a eliminar la resistencia del aire. Es decir, será más veloz que los trenes, más seguro que los coches y menos perjudicial para el medio ambiente que los aviones.

En cambio, siguen habiendo dudas sobre la relación calidad-precio, aunque Vicén, el director de marketing de Zeleros, prefiere no pronunciarse sobre si se desatará una batalla en la franja de los 75 euros. “Preferimos mantenernos asépticos sobre la posibilidad de viajar por ese precio. Ahora mismo estamos en un proceso de validación tecnológica, pero nuestros análisis muestran que el precio del billete podría ser muy similar a los rangos existentes para la alta velocidad. Estimamos que su coste podría situarse a medio camino entre el tren y el avión”, indica.

De momento, las pruebas realizadas permiten ser moderadamente optimista, aunque hará falta seguir afinando la tecnología para ganarse la confianza de nuevos inversores. Virgin Hyperloop es una de las empresas que más ha avanzado en el desarrollo del nuevo concepto. Fue la primera en realizar una prueba a gran escala en el desierto de Nevada (EE.UU.) en un tubo de 3,3 metros de ancho y 500 metros de longitud. Hasta la fecha, el hyperloop estadounidense ha sido capaz de alcanzar los 310 km/h en una distancia de 436 metros. Sin embargo, el éxito ha sido parcial, ya que se ha obtenido con una tecnología intermedia y no con la que finalmente se hará servir.

Según informó Verge a finales de febrero, Virgin Hyperloop ha despedido a casi la mitad de su plantilla (111 personas, en total), tras anunciar su decisión de cambiar de rumbo y enfocarse en el transporte de mercancías pues, no en vano, su principal accionista es DP World, una autoridad portuaria de Oriente Medio, propiedad del estado de Dubái.

En el Pabellón de España de Dubái, precisamente, estuvo desde el 1 de octubre de 2021 hasta marzo, el vehículo que se ha propuesto construir esta empresa valenciana que trabaja con socios industriales del calado de Acciona, Airbus, CAF, Cap Gemini Engineerding (la consultora informática francesa) o Red Eléctrica y que cuenta con inversores como Plug &Play (Silicon Valley), Goldacre (Reino Unido) o Angels, el brazo inversor del dueño de Mercadona, Juan Roig.

El Zeleros Z01 cuenta con sistemas de propulsión y levitación integrados en el vehículo en lugar de en la infraestructura, con un compresor en la parte delantera que mueve el vehículo dentro de las redes de tubos. El próximo objetivo es levantar una pista de pruebas que permita convertir la teoría en práctica. Inicialmente, se pensó en construirla en Sagunto, a escasos 30 km de la capital del Turia, pero su trazado discurría en paralelo a una carretera y, finalmente, se prefirió no llamar al mal tiempo... “Ahora mismo, el gobierno está buscando otros emplazamientos”, revela Vicén. “Pero cualquiera que sea su ubicación, apoyaremos la decisión”, anticipa.

Cuando, finalmente, esté construida y, luego, otra pista todavía más larga de 30 kilómetros, pues se requiere de espacio para alcanzar la velocidad requerida (la velocidad máxima del hyperloop se sitúa en 1.200k/h ya que, por encima de la velocidad del sonido, se producen ondas de choque y perturbaciones que crean una resistencia muy grande al avance), se verá mucho más claramente el rumbo que puede tomar el hyperloop.

La idea es disponer de esta pista en los próximos años para experimentar in situ la seguridad e interoperabilidad de un modo de transporte propio de una novela de ciencia ficción. Pero, básicamente, hay dos escenarios: que el hyperloop se convierta en el medio de transporte del futuro o sea recordado como algo que fue ensayado sin éxito durante el pasado.

 

Fuente: La vanguardia

 

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