Bosques latinoaméricanos deforestados por arriba de la media

ACTUALIDAD 28/11/2023 La Política Ambiental La Política Ambiental
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El mundo ha perdido 6,6 millones de hectáreas de bosque en 2022, según la Forest Declaration Assessment (FDA), esto representa un 4% de aumento con respecto al año previo. Pero lo que es aún más preocupante es que en América Latina y el Caribe la deforestación se incrementó un 8% en el mismo período.
En este escenario, Brasil y Argentina muestran las cifras más preocupantes, con 3,31 y 2,32 millones de hectáreas pérdidas en 2022, según Global Forest Watch. Por su parte, FDA suma a Bolivia como una de las regiones preocupantes también.
Los trópicos perdieron un 10% más de selva primaria en 2022 que en 2021, según reportes de la Universidad de Maryland. Es así que, la pérdida de bosques primarios tropicales en 2022 ascendió a 4,1 millones de hectáreas, el equivalente a si se perdieran 11 campos de fútbol de bosque por minuto. La consecuencia es la producción de 2,7 gigatoneladas (Gt) de emisiones de dióxido de carbono.
“A nivel nacional, si bien la pérdida de bosques primarios aumentó en los dos países con mayor cantidad de bosques tropicales, Brasil y la República Democrática del Congo, aumentó rápidamente en otras naciones como Ghana y Bolivia. Mientras tanto, Indonesia y Malasia han logrado mantener las tasas de pérdida de bosques primarios cerca de niveles récord”, dice el informe más reciente de Global Forest Watch (GFW).
Dado que los bosques son ecosistemas críticos para luchar contra el cambio climático y proteger la biodiversidad, estas cifras resultan alarmantes para los científicos.
La mirada específica sobre los bosques tropicales radica en que allí ocurre más del 96% de la deforestación, o la eliminación permanente de la cubierta forestal causada por el hombre. Estas áreas son especialmente importantes para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación de los efectos climáticos regionales y locales, según GFW.
Asimismo, otro punto de preocupación es que en estas regiones la pérdida de bosques primarios, es decir vírgenes, se incrementó un 6% en 2022.
Según Statista, Brasil es el país latinoamericano que ha registrado la mayor pérdida de cobertura arbórea en la última década. Solo en 2022, se destruyeron alrededor de 3,3 millones de hectáreas cubiertas con árboles y vegetación plantada o natural en el gigante sudamericano, siendo el país con más pérdida de cobertura forestal en ese año.

Promesas incumplidas
Si se toma lo ocurrido en los últimos 10 años, se puede observar, de acuerdo a las mediciones de GFW, que dentro del top ten de los países tropicales con la mayor área de pérdida de bosques tropicales húmedos, se encuentran Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y Paraguay.
La pérdida de bosques primarios incluye tanto deforestación como la conversión de bosques en pastos o agricultura, así como incendios forestales en el sotobosque (vegetación formada por matas y arbustos que crece bajo los árboles de un bosque o monte).
Hace tan solo un año, los gobiernos de 145 países realizaron la Declaración de los Líderes de Glasgow sobre Bosques y Uso de la Tierra y prometieron detener y revertir la pérdida de bosques para finales de la década, pero la tendencia avanza en la dirección equivocada.
A diferencia de Latinoamérica, en Asia la deforestación disminuyó un 18% y países como Malasia e Indonesia cumplieron con sus objetivos para 2022.
En el informe Forest Pathways 2023 de World Wildlife Fund (WWF) publicado recientemente, cree que es posible conseguir el objetivo de 2030 si el sector privado y las administraciones públicas mantienen sus promesas.
Sin embargo, el estudio critica a los subsidios que dañan el medio ambiente y que superan al menos en 100 veces la financiación que se destina a proteger bosques. Estos subsidios, según la FDA, implican unos US$500.000 millones anuales para financiar actividades que destruyen 2,2 millones de hectáreas cada año.
Entre esas actividades se encuentran, la agricultura y la ganadería, la construcción de carreteras, incendios y la industria maderera.

Brasil, un gigante que preocupa
El Gobierno brasileño informó recientemente que la Amazonía brasileña experimentó una disminución significativa de la deforestación, perdiendo 7.952 kilómetros cuadrados de vegetación entre agosto de 2022 y julio de 2023, lo que representa una caída del 7% en comparación con el período anterior. Estas acciones se atribuyen a las medidas de fiscalización implementadas por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
El dato es relevante si se tiene en cuenta que solo en 2022 fueron destruidos casi 20.000 kilómetros de vegetación en esa zona, la cual posee la mayor biodiversidad del planeta y es la principal reserva hídrica del mundo.
Por otro lado, Brasil comenzó a quejarse sobre las normativas de la Unión Europea para impedir la deforestación, aludiendo que las mismas dificultan las negociaciones con el Mercosur.
La nueva legislación exige a los productores de soja, carne vacuna, café, madera y otros productos básicos que demuestren que su cadena de suministro está libre de deforestación.
“No debemos permitir que esta legislación perturbe el acuerdo comercial entre Mercosur y los 27 países de la Unión Europea”, dijo el vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, en una conferencia organizada por el grupo de procesadores de soja Abiove, según reportó Reuters.
Si bien la responsabilidad de cumplir las nuevas normas recaerá en los importadores de la UE, la secretaria de Comercio Exterior brasileña, Tatiana Prazeres, dijo que en las conversaciones comerciales no se puede ignorar el impacto comercial para los exportadores en el aumento de los costos y la burocracia. Y añadió, sin embargo, que las negociaciones UE-Mercosur son una oportunidad para influir en la aplicación de las normas sobre deforestación y encontrar formas de compensar con concesiones comerciales que mantengan un equilibrio en el acceso al mercado.
Tanto Prazeres como el secretario de Economía y Finanzas del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mauricio Lyrio, dijeron que la posición del Gobierno brasileño es que la ley de deforestación de la UE es proteccionista, arbitraria e incompatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Bolivia
La expansión de la agricultura y la ganadería a gran escala en los bosques para la producción de materias primas ha impulsado la deforestación en Bolivia. A ello se suman los incendios que tuvieron fuertes temporadas durante 2004, 2005, 2010, 2019 y 2020. Algunos de estos episodios fueron consecuencia de la mano del hombre con el fin de extender las tierras para la agricultura y el pastoreo, pero se salieron de control extendiéndose la superficie perdida.

Colombia
La agricultura migratoria y la producción de mercancías es la causa de la pérdida arbórea en Colombia. Su frontera con el Amazonas es una de las zonas con mayor deforestación. “Es probable que el aumento esté relacionado con el proceso de paz en Colombia, donde las áreas de la Amazonía experimentaron un vacío de poder después de la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que permitió una rápida deforestación”, explican desde WWF.

Paraguay
Al igual que en los casos anteriores, en Paraguay la mayor parte de cobertura arbórea está vinculada a la producción de mercancías. Este país aprobó la Ley de Deforestación Cero en 2004, que prohíbe una mayor tala de bosques nativos en el este de Paraguay, lo que frenó la deforestación en esta región.
Caso contrario ocurre en el Chaco del oeste de Paraguay donde la expansión de la ganadería alienta la deforestación. Los últimos datos indican que Paraguay ha perdido el 33% de su zona tropical húmeda desde 2001, que es la tasa más alta de pérdida de bosque primario de cualquier país en los trópicos.

Perú
En Perú se ve el caso más leve de aquellos países que comparten la Amazonia. Tres cuartas partes de la pérdida de bosques se producen en áreas menores de cinco hectáreas. La destrucción de las carreteras y la infraestructura asociada con la tala también prevalece en toda la Amazonía peruana, donde aunque la tala ilegal está muy extendida.
Minería de oro y las plantaciones de palma aceitera contribuyen a la pérdida de cobertura arbórea en algunas partes del país, y la mayor pérdida ocurre en el sur del Amazonas y en el centro del Amazonas, respectivamente.

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